Caos, caos también hay aquí.

Caos, caos también hay aquí.

Y si quieren les regalo un poquito.

Caos es al ritmo que se baila en esta casa, no hay excepción. Si le pregunto a alguien si puede tomarnos una foto, eso generalmente termina en caos. Será por eso que Pier no posa ya. Pero eso es solo la pequeña punta del iceberg. Abajo se esconde todo. 

Si alguien solo me conoce por el perfil de Instagram y dice que siempre se ve muy bien todo con mis hijas, entonces río un poco. O tal vez, río a carcajadas. Porque los amigos lo saben: es solo un lado de mi vida. El pinchado, por decirlo así. Jajajajaja.  Luego está el otro y no pocas veces me pregunto si realmente somos la familia más caótica del planeta. Me lo pregunto a diario, empezando por nosotros, los papás. 

El otro día fue otro día. Un día lejos de la paz, la alegría, la ropa elegida ya se ensucio, los waffles dejémoslos para otro día y los planes reales ni se diga. Debió haber sido un lindo día familiar. Muy relajado, con muchas sonrisas. Fallo, y no empezaron ellas el fallo, fuimos nosotros, los de la vida adulta. Comenzó por una taza de café y con un cigarrillo en mano. Como cuando uno trata de caminar al baño esquivando juguetes y se clave en el talón una pieza de lego, de las pequeñas. Y basta un dejemos así que es fin de semana, todo tirado, el domingo por la noche organizamos. Si claro, frase de cajón. Vivimos cuatro en 50 metros cuadrados, aquí no hay ni por donde caminar. Comenzó al revés y antes del primer pan del desayuno yo ya me había sentido devastada. Antes de salir tenia planes en mente, bajar al sótano la ropa que ya no les queda, que esta lista para bajar hace dos semanas!! Bajar de los mas alto del armario la siguiente ropa para la estación, sacar por fin el modelo del vestido soñado. Pero eran las 10 am y el estomago seguía vacío, y ninguna de las cosas terminadas. Ya todos en la mesa teníamos humor de perros. 

Lucía se sentó en el sofá repitiendo en voz alta que no quería salir. 

Aurora no se deja cambiar el pañal.

Papá con indiferencia se puso a leer. 

Ahora no me sentía devastada, estaba enojada. 

Bueno vale, pensemos en otra cosa, mientras Pier maniobra con sus equipos de música, mi hija se cae del sofá. Así que también llorará con el hielo, pero al menos intentamos bajar el chichón. Para que no se hinche por completo.  Recordé la puerta dañada de la lavadora, quien la va a arreglar? 

< Mamaaa que numero sigue después del onceeee?? > 

< Doce >

< Y como se escribeeeee?? >

Cuando una grita y la otra esta en silencio, es sinonimo de travesura. Claro debajo del escritorio jugando con el pedal de la maquina de coser y por supuesto unos restos de tela en la boca. Clavado en la compu en busca de casas, él pregunta opinión, de si esta zona esta bien. La mermelada fresca, hecha en casa la semana anterior, que después de quedar en la mesa su unico final seguramente era caer. Pashhhhh. Ni los vidrios saltaron pues se quedaron aglomerados a la pegajosa mezcla roja que ya las niñas se quieran comer. 

Claro bastaba girarse y darse cuenta que la cocina estaba con lo brazos abiertos, la arregle, porque vamos solo en medio día de caos. Abuelos en la web, y falla la conexión, intento número dos y falla la video llamada, intento número tres y las niñas ya se escaparon del sillón. 

Buena idea son casi las cuatro de la tarde, hacemos algo de comer? Con la habitación semi arreglada, la cama todavía destendida. 

Papá va a tomarse un café a el café. 

Niñas al balcón que tal un helado. Así disfruto calma por una hora. 

Cuando calma es sinónimo de preparar comida para la próxima sentada en el ruedo.

De nuevo espaguetis por el piso, pegados a la pared y enredados por los dedos. 

< Jugoooooo >

< No, agua >

Son las cinco de la tarde y no pensábamos salir?? Ahora con una casa en ruinas, las niñas juegan con la muñeca que mamá quiere regalar, porque ahora se turnan el llanto en tres. 

Que funcione al menos el plan de “siete, dientes, pijama, libro, a la cama”.

Lo logramos son las nueve. 

Será tirar al piso todo lo que hay en el sofá. Ahh no, las plantas, olvidamos regar las plantas. Al entrar del balcón, observamos de nuevo el campo de batalla. Y me pregunto, seremos solo nosotros? Somos solo otra especie de padres?. Como es que un día como este no es unico en nuestras vidas. Es lo que vivimos cada sábado. Y porque no también cada domingo. 

Fue un día normal. 

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