Malta. Acantilados y poblados.

No habíamos reservado el vuelo al ultimo minuto, ni mucho menos el hotel. Más o menos anticipado como hemos estado haciendo estos últimos años. Ya había pasado un año más de torta de bocadillo y banano. Se acercaban los treinta. Un año duro pero de abrazos y sonrisas. Después de la celebración la segunda mañana todo funciono perfecto. Que animo el que teníamos. Preparados frente al hotel, iniciábamos el recorrido hacia Golden Bay. Uno, dos, tres y magia. La vista a la bahía desde lo alto ya me emocionaba. Ya me veía correr sobre la arena dorada, el viento despeinando mi pelo, el agua entrelazada en mis dedos, la brisa del mar acariciando mi cara. Así fue. Tal cual fue imaginado. Tal cual fue descrito. Así fue. Además verlos jugar a ellos. Es como revivir el momento en el que uno ha dado vida. Es como sentir que una da vida continuamente. Estaban ahí, así de vivos, así de felices.

Sin duda, las mejores dos horas del día de Lucía. Que mientras jugaba. Acaricie la mano de Pier.  

-Hai visto, è incredibile-.

-è perfetto, emozionante-. 

(entre nosotros hablamos en italiano)

Nos abrazamos. Es una experiencia fuerte. Ver feliz y serena a tu familia es duro. No sabría explicar porque. 

Uno de los grandes descubrimientos en nuestra visita a Malta, fue la Isla de Gozo, al norte de Malta. Y una curiosidad, en todo el archipiélago no hay ríos ni lagos, pero para que más con la belleza que tiene ya es suficiente. Sus acantilados son un espectaculo.

Para llegar a Gozo, hay que ir al puerto de Cirkewwa, coger un barco/ferry hasta Mgarr en la isla de Gozo. Nosotros viajamos con coche, así que hay que hacer fila hasta embarcar. Está muy bien organizado y es relativamente rápido el embarque y desembarque. A la ida no se paga, se paga a la vuelta. Aparte de la diversión que este Ferry represento para los pequeños, los adultos disfrutamos de la vista pasando por la diminuta isla de comino, hasta ver la llegada a los acantilados en Gozo. 

Nos encaminamos de inmediato a la ciudad Vittoria la más grande de la Isla,  especialmente para visitar su ciudadela, desde la que se pueden contemplar impresionantes vistas de la isla. La pasamos increíble y no paramos de jugar a escondidas entre los callejones de la ciudad, de laberinto y terminar admirando la vista desde sus cánones en lo más alto de sus terrazas. 

Otra visita imprescindible en Gozo es Dwejra, con sus impresionantes formaciones costeras y el mar rompiendo contra sus rocas, es una atracción mágica. 

Eso se suponía que iríamos a ir a ver al atardecer, y como en invierno las horas de luz son un premio, nos pusimos en marcha rápido. Después de 20 minutos de carretera por el borde de los acantilados, llegamos a un callejón sin salida y con una llanta medio pinchada. 

Con Dwejra no tuvimos éxito, así que regreso a Vittoria, reparación de rueda, y de nuevo a encaminarnos hacia otro destino, el Santuario de la Virgen de Ta ‘Pinu, en el centro de Gozo. Un reducto de tranquilidad, cerca de la aldea de Gharb, con vistas excelentes al campo gozitano. Malta es un país extremadamente religioso, por esta razón consideramos importante la visita al menos a uno de sus iglesias, esta es una iglesia parroquial católica y es el mayor centro de peregrinación de la isla. La visita en hora oscuras, vale mucho la pena. 

Definitivamente Malta es el Hollywood del Mediterráneo, es que se respira fama, ademas ha servido de escenario para superproducciones históricas que necesitaban un lugar en el que poder rodar escenas que evocaran tiempos de romanos, pueblos que parecieran de otro siglo, vistas encantadoras, clima perfecto, y por supuesto esta es Malta.  Así que al siguiente día, estábamos listos para salir a caminar por Valetta, la capital, y tres ciudades, Senglea, Vittoriosa y Cospicua. 

Se necesitan unas buenas piernas para recorrerse la capital, casi todas las calles están en cuesta, incluso las hay con escaleras. Así que animo vamos con dos niñas. Pasamos solo tres horas en la capital, hace dos días se había inaugurado como “Capital de la cultura 2018”. Y sus calles estaban totalmente decoradas por la preparación de unas fiestas que se celebrarían en febrero. 

Ya habiendo comido lo mejor de lo mejor en restaurantes de Silema, St. Julian. Nos decidimos a almorzar este día a punta de pastizzi, pasteles de hojaldre rellenos de requesón o arberjas. Y felices los cuatro. Pastizzi, jugo de durazno, pastizzi, y así, vía. 

Después de 8.000 pastizal, continuamos recorrido. 

Las calles de Senglea, Vittoriosa y Cospicua no tienen el aspecto comercial o señorial de las principales de la capital, pero entre ellas abundan pequeñas tiendas, diminutas plazas, iglesias y oratorios, gente del pueblo, nada de turistas. 

Fue real. Y aquel cuadro posado sobre un trípode, lo estaba yo viendo en la vida real. Con mi familia. Una postal. 

Caminamos por el paseo marítimo, como si fuera la primera vez que viéramos yates y veleros. Con los ojos mas abiertos de lo normal. Tratando de enfocar al fondo de esta foto, la bellísima Valetta. 

Desde lo más alto de Vittoriosa, ademas de las vistas hacia Valetta y Seglea, se admira aquel paseo marítimo desde lo alto. 

Disfrutamos de 4 magníficos días que nos supieron a poco. Que ha la ida se sentía solo un sin sabor. Ganas de más. En mi opinión, es uno de los lugares más bellos que descubrimos en nuestros últimos planes de viaje.

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