El misterioso Spreewald

Que misterio esconde este pequeño bosque del nordeste de Alemania.  Se entra en un universo de troncos robustos, de ramas frondosas, de canales silenciosos, castores juguetones,  las hojas de los árboles no necesitan viento para moverse, dentro de todo este misterio se mueven solas, tienen vida tienen olor propio.  Pasa una barca y se pierde en el infinito como si estuviéramos a mar abierto, solo que aquí todo es verde, una cantidad de verdes que no están en la paleta de colores de ningún pintor. La gente a pesar de su energía alemana, es gente cálida,  es gente orgullosa de su pedazo de paraíso sin mar y sin palmeras, pero igual hay agua por todos lados y árboles también.

Hijas ojalá esta area perdura en nuestro planeta por siempre, ojalá el día que decidan regresar a esta zona puedan contemplar igual como la contemplo hoy yo, ojalá que ningún árbol caiga y que ningún castor se pierda. Ojalá aquí se paralizará el tiempo, y todo quedará intacto.

El Spreewald está a 100 km de Berlin. Desde la ventana del tren a pocos km de la llegada a Lübbenau ya se siente la atmósfera peculiar. En vez de calles, hay canales. Los carros fueron sustituidos por barcos y lo verde domina el paisaje. Nosotras, de nuevo solo las chicas de esta familia, un viernes de septiembre decidimos no quedamos en casa y salir de la rutina, ho mejor mantenernos en ella, y así con las dos evitar enloquecer. Cámara en mano, una maleta de comida, bicicleta lista, remolque cargado y nos fuimos a descubrir el Spreewald. Claro no llegue hasta allá sola pedaleando, tomamos un tren que nos llevaba justo a la experiencia de un día de descanso, paseo, pepinillos, mosquitos y humedad.

Desde octubre de 1990 el paisaje único del Spreewald es una reserva de biosfera protegida por la UNESCO. El Spreewald es un área donde, todavía hoy, se encuentran alrededor de 18.000 especies de plantas y animales raros.

Los dos pueblos principales de esta región son Lübben que se encuentra a orillas del Unterspreewald (Bajo Spreewald), y Lübbenau en el Oberspreewald (Alto Spreewald), no pare de pedalear por 2 horas para unir el uno con el otro en bicicleta, el remolque y las niñas, pase por lagunas, campos y tinieblas, ya estábamos cansadas así que nuestra visita a Lübeen fue bastante corta, nos centramos en Lübbenau que fue nuestra primera parada al bajarnos del tren.  El punto es que los dos tienen su encanto. Desde Lübbenau con un reccorrido en bote o una caminata de 30 minutos se puede llegar a Lehde, un pequeño pueblo, lo mejor del paseo, sus casas, sus paisajes, es de verdad un cuento de hadas. La ruta es a través del bosque hay que seguir el Leiper Weg. En bicicleta fueron menos de 10 minutos, y sentí como íbamos llegando al paraíso. Un oasis en el oasis, el verde nos atrapo con un fuerte abrazo, los mosquitos nos besaron la intimidad y su olor nos perfumo no solo la ropa si no también la piel.

Por sus canales se puede pasear en kayak, en paddelboard, en barca o en barquito por más de 200 canales. Eso si llenos de misterio. Mamá no llevaba consigo pasaporte, por tanto no pudimos alquilar ni kayak ni nada y nos subimos a un bote para alrededor de 15 personas. Y el cafe, que cafe tan inusual,

Es que no entiendo como comparan esto con Venecia, solo porque el correo va en bote y los bomberos también. Esto, este pedacito de tierra es mucho más que Venecia. Canales como estos son únicos y mágicos. Verde, naturaleza, paz en cada puente que unen las pequeñas islas de encanto.


 

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