Ubud y su energía

Esta es una pequeña localidad ubicada en el interior de Bali, cuna de artistas y artesanos y famosa por querer buscar solución a los pequeños y grandes problemas de nuestra vida moderna. En Ubud son tremendamente devotos. Por eso, todas las casas tienen una parte del terreno destinada a construir santuarios. Pero no uno ni dos, no! los balineses cuentan con patios en los que puede haber, tranquilamente, diez altares de grandes dimensiones, no existe casa sin altar o sin puerta entallada.

Ubud huele a incienso, huele a semana santa, un olor repartido por toda la ciudad, un olor proveniente de las ofrendas que se pasan colocando durante el día por todas partes, frente a casas, altares, negocios, tiendas, carros, motos, en medio del anden, etc,… dichas ofrendas aparte de ser llenas de olor también son llenas de color, consisten en una especie de recipiente hecho de hojas similares a la de banano y en el interior depositan pétalos de flores, hierbas, monedas y hasta galletas o dulcesitos. Eso si hay que ir con mucho cuidado para en especial los niños para no llegar a pisarlos porque están por todas partes.

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Es verdad que la ciudad ya tiene varias calles bien “occidentalizadas” y por momentos podrías sentirte en cualquier ciudad costera europea, pues están invadidas por negocios destinados a los turistas, calles llenas de bares con terrazas o puntos de información con tours ya definidos, es un tipo de turismo organizado que no deja riqueza en la isla pues la mayoría son propietarios extranjeros, por eso recomendamos adentrarse por las calles paralelas y disfrutar de algún Warung y compartir con gente local, pues así y todo Ubud nos ha trasmitido magia.

No es ningún secreto que para Lucía la zona más divertida fue el bosque de los monos, disfrutamos de medio día increíble juntos a ellos, para ella fue realmente increíble adentrarse en un bosque para encontrarse a cada paso con cientos de monos que pasean, comen, saltan, duermen y se divierten por todas partes.

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Caminar entre los arrozales sin duda fue la mejor experiencia, observar como cientos de locales trabajan arduamente durante todo el proceso (nos toco ver parte de la recolección).  Solo basta salir un poco de Ubud y podrás encontrar numerosas extensiones de arrozales, es también una actividad muy económica donde se puede ayudar a los niños a aprender más acerca del arte de cultivar.

En el mercado de Ubud se encuentra de todo y es muy fácil caminar entre la gente, se nota como cada uno se toma su tiempo de observar, dialogar y comprar, aquí se vende ropa al lado del pescado, frutas y verduras al lado de los inciensos, carne y flores, zapatos y esencias, ropa intima y pastelería. Es un reto divertido aguantar la mezcla de olores que se van combinando al andar.

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Jatiluwih
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Arrozales de Tegalalang
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Trabajo en los campos de arroz

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Ofrendas
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Se la paso coqueteandole a los monos
Monkey Forest, Ubud
“Mamá mira como nosotros, le da teta!! “
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Monkey Forest, Ubud

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Por las calles de Ubud

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